Una noche te vi conectada a las tres de la mañana. Mi primera reacción fue escribirte. Pensé que quizá también estabas pensando en mí. Abrí nuestra conversación, escribí hola y me quedé mirando la pantalla. Después borré el mensaje. No sé si tú estabas despierta por mí. Pero esa noche decidí que no quería volver a construir esperanzas a partir de una pequeña luz verde.